8.10.09

Mi habitación de la residencia de estudiantes tiene dos ventanas, y las dos dan al mismo sitio. Un patio interior de paredes ocres al que dan las puertas y ventanas de las otras habitaciones y con algunas macetas pegadas a la pared para hacer más acogedor el espacio. El problema es que entra muy poca luz. Al señor Sol le tienen prohibida la entrada a este local.
Por la mañana parece que es por la tarde y por la tarde no eres capaz de distinguir si está nublado o luce un sol espléndido.
En mi casa de Almería estoy acostumbrado a que la luz del sol se pasee por ella plácidamente.
En la residencia, sin embargo, hay que tener encendidos los tubos alógenos que dan esa luz azulada tan poco cálida.
Aquí, en San Carlos, si quieres que el señor Sol te visite todas las mañanas tienes que pagar más.
No se alarmen, él no tiene la culpa.

27.9.09


El Roto, El País 25.09.09

25.9.09


A unos diez minutos de mi casa, casi al final de La Rambla hay un viejo caserón medio en ruinas.
Cuando era más pequeño y pasaba en el coche junto aquella casa mi imaginación empezaba a volar.
Tan solo un par de segundos pegado al a ventanilla del coche me bastaban.
Imaginaba como seria aquella casa en su época. Sin paredes desconchadas y sin muros derruidos. Una casa llena de vida, con un carruaje en la puerta y un viejo jardinero cuidando del vasto laberinto de setos.
Imaginaba que en esa casa vivió una importante familia aristocrática inglesa.
Cuando pasaba cerca del caserón veía asomada a la ventana a la señorita Rachel, la hija de Franklin y Drusilla Blake. Tenía la mirada triste, porque echaba de menos a su prometido, que se había enrrolado en la tripulación de un barco con destino a la India.
En la puerta estaba el señor Franklin hablando con su mujer sobre los preparativos para la fiesta que iba a acontecer en dos días. Mientras discutían, los criados entraban y salían por la puerta de la cocina transportando grandes cantidades de comida. La señora Ablewhite, el ama de llaves, se ocupaba de que todo saliera según lo previsto.
Era una casa que evocaba historias misteriosas, terroríficas, románticas…Hacia volar tu imaginación.
Unos años más tarde, hablando con un amigo me enteré de que a esa casa iban los yonkis a pincharse.
Aún asi, pensaba que por dentro, la casa permanecía intacta, los mismos muebles de época victoriana, los juguetes en la habitación del hijo pequeño, la ropa en los armarios y la comida en los platos, todo ello cubierto por una capa de polvo y por telarañas.

24.9.09



"Nos ocupamos del mar
y tenemos dividida la tarea
ella cuida de las olas
yo vigilo la marea
Es cansado, por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
mis ojos en su costado".

17.9.09

¡Joder Pablo, estoy hasta los huevos de llevar tu regalo!
Con esto se destapaba la sorpresa que daba origen al café de aquella tarde.
Según Juanfra, lo que iba en esa bolsa de Zara explicaría muchas cosas.
Después de dar varias vueltas por Almería llegamos a la “calle de los recuerdos”.
Sentados en unas escaleras esperamos a que una de las culpables de todo aquello apareciera. Cuando por fin lo hizo, Juanfra no aguantó más y me dio la bolsa con el regalo envuelto en papel pinocho.
Es difícil abrir un regalo envuelto en papel pinocho.
-¿Esto qué es? ¿Un puzzle?-pensé.
No, no era un puzzle, mejor aún, se trataba del nuevo disco de fito&fitipaldis, y no solo eso, era la edición especial, con libritos y dvds incluido. Me sentía como un niño con zapatos nuevos.
Tuve que esperar bastante para escucharlo, no lo olvidemos, habíamos quedado para tomar café. Pero bendita la espera, ¡cómo disfruté!… muchos descubrieron la C oculta que hay en el logo de Carrefour, hubo tensiones, enamoramientos inesperados, azúcar para calmar los nervios…en fin, todo un espectáculo.
Cuando finalmente llegué a mi casa no quise esperar más y puse el disco directamente en la pista dos, la uno ya estaba muy trillada de semanas anteriores.
Joder, que bien sienta escuchar música.
Me deleité con la potencia de la batería, los solos de saxo y la fuerte presencia de las guitarras.
Era curioso, un disco nuevo que recordaba a otros más antiguos en una etapa nueva de mi vida.
Mientras lo escuchaba pensé que era inevitable que cada canción me recordara a ella. Cuando dentro de unos años lo vuelva a poner seguramente volveré a pensar en su sonrisa, para bien o para mal.
Puede que no sea el mejor disco de Fito, pero es el único que ha marcado una etapa de mi vida. En él, aparte de diez canciones se grabaron muchos recuerdos.
Tengo suerte de tener unos zapatos convencionales.

8.9.09

-Uff, que sueño tengo-le dijo ella.
El simplemente le sonrió, miró al cielo y silbó una extraña melodía.
Ella levantó la vista y pudo ver como una cama atravesaba las nubes y se posaba con suavidad sobre la acera.
Miró atónita las sábanas azules con estrellas que cubrían el colchón. Tardó un par de segundos en reaccionar, entonces sonrió y le besó.
Le hizo un gesto para que subiera, ella le hizo caso, apoyó la espalda en el cabecero y se tapó con las sábanas. Aquella noche hacía frio. El subió también, dio un par de golpes en el colchón y la cama poco a poco se fue despegando del suelo.
Miró asustada hacia abajo, las casas cada vez eran más pequeñas, hasta que llegó un momento en el que no se veía nada, solo montones y montones de nubes. El la abrazó para tranquilizarla y le pidió a la cama que bajara un poco.
Las nubes se fueron disipando y se pudo ver toda la ciudad iluminada. Era maravilloso.
Le gustaba mirar las estrellas. Aquel cielo infinito tenía algo que lo hipnotizaba.
Quería compartir con ella aquella maravilla. Con entusiasmo le enseñó una por una todas las constelaciones. Ella asentía alegremente.
-Mira, esa es la Osa mayor.
La miró con dulzura. Se había dormido, pero todavía sonreía.
Le dio un beso de buenas noches y cerró los ojos.

3.9.09

Septiembre es un mes extraño. Con solo decir esa palabra te vienen a la cabeza montañas de apuntes y fechas grabadas a fuego en el calendario.
Tardes de playa sin las aglomeraciones de julio, noches de juerga para despedir a un amigo que se va y mas noches de juerga para recibir a un amigo que vuelve.
Es un mes de contrastes. Un día te encierras en tu casa y estudias hasta más no poder y al siguiente sales con tus amigos al cine y te desquitas del día anterior.
Acabas harto de tantas hojas amontonadas en tu cama, de tantos papeles con párrafos resaltados en fosforito, de montones interminables de apuntes para memorizar… todo se vuelve monóno, gris… hasta que un día conoces a alguien especial, entonces aquel montón de apuntes que parecía un rascacielos ahora casi no lo ves.
Es un mes odiado y amado al mismo tiempo.

Septiembre es el mes agridulce.