1.1.10


"Con vivos, con muertos, brindando juntos por un año más, un año menos que dolerse de esta herida y de esta luz"
(Vetusta Morla)




El año Dos mil nueve se va, se retira a una bonita residencia en el lugar mas remoto del mundo. Alli los años que ya están cansados pasan el resto de su vida contando batallitas para quien quiera escucharlas. Cuando Dos mil nueve llegue todos le harán un gran recibimiento y le pedirán que cuente que tal ha sido su vida. Como en todas, hubo momentos buenos y momentos malos. Pero a aquellos ancianos les gustaba más recordar los buenos. Cuando terminaron, todos los años, reunidos a la mesa, le desearon lo mejor al señor Dos mil diez.Les habian comentado que era un jóven con mucha iniciativa. Antes de acostarse Dos mil nueve recordó que tenia que escribir una carta para Dos mil diez. En ella le hablaría de sus errores para que Dos mil diez no los volviera a repetir. Era algo así como una tradición. A veces funcionaba y otras no. Echó la carta al buzón y se metió tranquilamente en su cama.

23.10.09

19.10.09

Es una cama pequeña, así que una sola persona es suficiente para ocupar casi todo el colchón.
Hace unos días me tumbaba en la cama, estiraba los brazos, daba unas cuantas vueltas y al cabo de unos minutos me dormía.
Estos últimos tres días he compartido mi pequeña cama con ella. Como era un lugar estrecho no podía estirar mucho los brazos ni dar muchas vueltas como hago normalmente. La verdad, lo prefiero así. Prefiero sentir su respiración en mi nuca. Prefiero quedarme dormido oliendo su pelo.
Ahora ya no está, la cama vuelve a ser solo para mí. Aún así cuando me duermo me quedo pegado al filo del colchón, respetando el espacio en el que ella dormía, como si todavía estuviese allí.
Echo de menos entrar a la habitación cogido de su mano o salir del baño y verla en la cama tapadita y con cara de sueño.
Cuando se fue dejó abierto el armario en el que temporalmente había dejado su ropa.
No sé por qué, pero todavía no lo he cerrado.

8.10.09

Mi habitación de la residencia de estudiantes tiene dos ventanas, y las dos dan al mismo sitio. Un patio interior de paredes ocres al que dan las puertas y ventanas de las otras habitaciones y con algunas macetas pegadas a la pared para hacer más acogedor el espacio. El problema es que entra muy poca luz. Al señor Sol le tienen prohibida la entrada a este local.
Por la mañana parece que es por la tarde y por la tarde no eres capaz de distinguir si está nublado o luce un sol espléndido.
En mi casa de Almería estoy acostumbrado a que la luz del sol se pasee por ella plácidamente.
En la residencia, sin embargo, hay que tener encendidos los tubos alógenos que dan esa luz azulada tan poco cálida.
Aquí, en San Carlos, si quieres que el señor Sol te visite todas las mañanas tienes que pagar más.
No se alarmen, él no tiene la culpa.

27.9.09


El Roto, El País 25.09.09

25.9.09


A unos diez minutos de mi casa, casi al final de La Rambla hay un viejo caserón medio en ruinas.
Cuando era más pequeño y pasaba en el coche junto aquella casa mi imaginación empezaba a volar.
Tan solo un par de segundos pegado al a ventanilla del coche me bastaban.
Imaginaba como seria aquella casa en su época. Sin paredes desconchadas y sin muros derruidos. Una casa llena de vida, con un carruaje en la puerta y un viejo jardinero cuidando del vasto laberinto de setos.
Imaginaba que en esa casa vivió una importante familia aristocrática inglesa.
Cuando pasaba cerca del caserón veía asomada a la ventana a la señorita Rachel, la hija de Franklin y Drusilla Blake. Tenía la mirada triste, porque echaba de menos a su prometido, que se había enrrolado en la tripulación de un barco con destino a la India.
En la puerta estaba el señor Franklin hablando con su mujer sobre los preparativos para la fiesta que iba a acontecer en dos días. Mientras discutían, los criados entraban y salían por la puerta de la cocina transportando grandes cantidades de comida. La señora Ablewhite, el ama de llaves, se ocupaba de que todo saliera según lo previsto.
Era una casa que evocaba historias misteriosas, terroríficas, románticas…Hacia volar tu imaginación.
Unos años más tarde, hablando con un amigo me enteré de que a esa casa iban los yonkis a pincharse.
Aún asi, pensaba que por dentro, la casa permanecía intacta, los mismos muebles de época victoriana, los juguetes en la habitación del hijo pequeño, la ropa en los armarios y la comida en los platos, todo ello cubierto por una capa de polvo y por telarañas.

24.9.09



"Nos ocupamos del mar
y tenemos dividida la tarea
ella cuida de las olas
yo vigilo la marea
Es cansado, por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
mis ojos en su costado".